Ahí está, siempre presente. Cuando te olvidas de él, viene con fuerza a recordarte que es parte de ti, de tu joven ser, de tu fértil fruto.
Se mueve en tu interior, sin que te percates. Ruega volverse tan similar a ti, desea y anhela tu esencia como ser de carne y hueso, anhela un alma pura, anhela ser parte de ti en una manera distinta. Ansia su complemento que después de nueve lunas lo lleve a su esperada "vida".
Pero no hay. No hay "amigo" que le complemente.
Se desespera. Se frustra en que no le concedes su querer.
Enfurecido comienza a empuñar las telas que lo recubren, rasga las sabanas con que lo cobijaste.
Se mueve de un lado a otro, tan exasperado, logrando romper la burbuja que lo hospeda. No tienes idea de su existencia, deja de ser saprófito, él ya no es más tu amigo.
Después de una luna, torna a una feroz conducta. Quiere salir. Su naturaleza se lo impide, pero es lo que ambiciona importándole poco tu comunidad biológica.
Metamorfosis.
Demasiado pequeño, demasiado fuerte.
En cada articulación de sus manos invisibles revela picos sobresalientes. Imitando a las aves aletea, chocando sus "alas" en tu carne interna. Ni siquiera se molesta en abrir los ojos, sabe bien lo que hace, lo repite después de cada temporada de una luna. Sus dedos se adornan en garras oscuras fuertes cómo el marfil.
Entonces lo hace, sus pies y sus manos se mueven con torpeza, lleno de furia, rasgando, cortando, creando líquido viscoso en el que nadar.
Te encoges, te quejas, te doblas de dolor. Él lo causa.
Duermes.
Sabes que es un sueño, pero él está ahí para recordarte la parte de tu vida que debe seguir sintiendo el ardor de su furia.
Con mucha claridad, sientes el tanto de sus cortantes dedos dentro de ti, luchando una batalla con la piel de tu vientre, entierra sus uñas desde el interior hasta que contactan el mismo aire que respiras.
Gritas.
Tu piel se agrieta.
Rencoroso ser que no es, muerto en su propia furia.
Sangras.
Hijo indeseado de tus entrañas. Infecunda existencia.
Lloras, te enojas, te alegras, te alimentas con gustos extraño.
Lo desechas, esperando poder vivir algunos días de paz... hasta que la próxima luna pase. Hasta que se reencuentren el próximo mes... y así te martirice hasta que le des el cambio que desea, o bien hasta que tu flor se marchite.
El monstruo que con mes llega a oprimir a las féminas para que llenen la tierra con su insustancial descendencia.
Notas: Descripción de la menstruación.